Titulo. Evaluación geriátrica integral. Como mejorar la calidad de vida de las personas de la tercera edad.
Autor. Dr. Jorge Serra Colina. Especialista en medicina general integral.
Introducción.
Conceptos de interés. Se denomina gerontología al estudio del proceso de envejecimiento en todos sus aspectos. Abarca desde investigaciones de biología molecular hasta estudios socioeconómicos o sobre las consecuencias de la jubilación. El término fue utilizado por primera vez por Metchnikoff en 1901 en su libro La naturaleza del hombre: estudios de una filosofía optimista. Tal y como se desprende de su propia definición, los estudios gerontológicos pueden establecerse desde muy diversos prismas, abarcan diferentes ciencias y, en ese sentido, son interdisciplinares.
La edad moderna de los estudios gerontológicos se inicia en EE.UU. en 1941, con el establecimiento de los primeros programas de estudio sobre el envejecimiento, de los que fue pionero Nathan Shock. A partir de los años cincuenta se inicia la época de los estudios longitudinales, de los que el de Baltimore fue el pionero y uno de los más completos. En 1975 se crea, también en EE.UU., el Instituto Nacional del Envejecimiento (National Institute of Aging). En diferentes países europeos, entre los que se encuentra España, se avanza en paralelo, aunque con algo más de retraso, menos intensidad y, como se verá en seguida, tal vez con una orientación más asistencial, más orientada hacia la geriatría.
En la actualidad, las investigaciones gerontológicas están consideradas como prioritarias por los organismos oficiales de ayuda a la investigación de numerosos países.
La geriatría se define como la rama de la medicina que estudia los aspectos clínicos, preventivos, terapéuticos y sociales del anciano, en situación de salud o de enfermedad. Incluye aspectos relativos a la mayor parte de las disciplinas clínicas y constituye una parte de la gerontología.
En cuanto a la valoración geriátrica integral, que es el tema que nos ocupa, es un método diagnóstico muldimensional, generalmente interdisciplinar, para determinar y cuantificar en una persona anciana las capacidades y problemas médicos, psicológicos, sociales y funcionales al objeto de desarrollar, posteriormente, para luego seguir un plan integral de tratamiento y seguimiento a largo plazo en el paciente geriátrico.
En la tercera década del siglo XX, los británicos M. Warren y L. Cozyn realizaron evaluaciones exhaustivas y sistemáticas a pacientes institucionalizados en áreas de enfermos crónicos, identificando una incidencia elevada de enfermedades no diagnosticadas y potencialmente tratables.
Desde entonces y, especialmente, a partir de estudios realizados en los Estados Unidos en la década de los ochenta, esta nueva herramienta de la geriatría ha demostrado su eficacia en términos cuantificables como la morbilidad, mortalidad y coste asistencial. Las ventajas de la evaluación geriátrica integral respecto al cuidado "tradicional" se describen en la tabla.
La evaluación geriátrica debe ser realizada por equipos, especialmente entrenados, que pueden ubicarse en el hospital, centro sociosanitario o en el propio domicilio del paciente.
No todos los pacientes ancianos reciben beneficios de este sistema de evaluación. Los que obtienen beneficios en mayor medida son aquellos que se han calificado como "frágiles", en general de más edad y que a sus distintos problemas médicos (pluripatología) añaden alteraciones funcionales y cuyas circunstancias psicológicas o sociales son desfavorables. Son ancianos con un equilibrio bio-psico-social inestable.
Las áreas que se consideran en la evaluación geriátrica van más allá de los límites de un profesional que actuase de forma aislada, siendo necesaria la intervención de un equipo interdisciplinar formado, al menos, por un médico geriatra, enfermero, psicólogo, trabajador social, fisioterapeuta y terapeuta ocupacional. En muchas ocasiones, la evaluación deberá ser complementada por expertos en nutrición humana, oftalmólogos y estomatólogos, entre otros profesionales.
La evaluación geriátrica integral comprende, fundamentalmente, cuatro áreas: clínica, funcional, psicológica y social. Cada área tiene sus propios apartados y algunos se solapan entre sí. Es importante aclarar que no se trata de sistematizar de forma mecánica un listado de problemas independientes, sino que el objetivo es identificar un perfil único del sujeto, global e integrador.
Evaluación clínica.
Conla evaluación clínica tratamos de identificar los procesos activos o aquellos sucedidos con anterioridad, pero que pueden incidir en el estado de salud del paciente. La recogida de datos biomédicos se realiza a partir de la historia clínica general y la exploración física, pero es recomendable disponer de algún modelo estructurado para no omitir datos de interés.
La historia clínica debe incidir, especialmente, en aquellas situaciones de alto riesgo geriátrico: caídas repetidas, inmovilidad, incontinencia, alteraciones de los sentidos, etc. Seremos especialmente cuidadosos en la recogida de datos nutricionales, así como en los referidos a la historia farmacológica.
La anamnesis se complementa con una exploración exhaustiva por aparatos y sistemas, atendiendo aspectos que, habitualmente, no se tienen muy en cuenta, como la exploración de la piel, vista, oído, dentición, marcha y equilibrio.
Existen instrumentos específicos para evaluar algunos de estos problemas en concreto. Así, disponemos de tests como el Mini Nutritional Assessment (Guigoz, Vellas et al., 1994) que permite identificar sujetos con alto riesgo de malnutrición, o la escala de Tinetti (1986) que sistematiza y cuantifica los defectos de la marcha y las alteraciones del equilibrio.
Dada la frecuencia de multimorbilidad asociada, se hace necesario identificar, adecuadamente, la comorbilidad y el peso individual de cada una de las enfermedades concurrentes.
Evaluación funcional.
La capacidad funcional o nivel de autonomía es el mejor determinante de la situación vital en que se encuentra el paciente y del tipo de asistencia que precisa. En geriatría es tan importante mantener y mejorar la función como tratar la enfermedad.
Con la valoración geriátrica integral determinamos la capacidad del paciente para realizar una serie de actividades concretas que le permiten vivir de forma independiente. Estamos hablando de las actividades básicas de la vida diaria y de las actividades instrumentales de la vida diaria.
Se consideran actividades básicas de la vida diaria (ABVD) aquellas que son imprescindibles para cubrir las necesidades elementales. No están influidas por el sexo, entorno geográfico-cultural o el nivel educativo. Se consideran ABVD la autoalimentación, vestirse, el control de esfínteres, realización de la higiene personal, deambular y realizar los diferentes traslados (cama/suelo, silla/suelo, etc.). Las escalas más utilizadas y difundidas para su valoración son el índice de Katz y el índice de Barthel.
El índice de Barthel es, posiblemente, el instrumento más usado en la actualidad para medir el estado funcional en relación a las ABVD. Se diseñó en 1965 para evaluar el grado de dependencia en enfermos crónicos afectos de patología neuromuscular y esquelética. Diversos estudios han demostrado su valor pronóstico en algunas situaciones:
– Un índice de Barthel inferior a 20 en el momento del ingreso en el hospital se correlaciona con un incremento de la mortalidad a los 15 días y a los 6 meses del ingreso.
– Un valor superior a 40 en el momento del ingreso en una unidad de rehabilitación indica una mayor posibilidad de retorno al domicilio. Valores al alta superiores a 60 sugieren una mayor probabilidad de continuar en el domicilio a los 6 meses.
A diferencia de otras escalas de ABVD, en el índice de Barthel, los ítems más importantes para llevar a cabo una vida independiente tienen más peso en la puntuación (caminar, traslados y continencia).
Destacar que el índice de Barthel es una escala conocida y de gran difusión en el ámbito de la rehabilitación geriátrica ya que tiene una buena capacidad para detectar cambios, los ítems están bien especificados y puede ser aplicada por cualquiera de los profesionales del equipo que esté familiarizado con el instrumento.
El índice de Barthel valora, únicamente, ABVD, es decir, que puntuaciones máximas garantizan la independencia para actividades esenciales, pero no significan que el individuo pueda vivir solo. Es poco efectivo en la evaluación de los niveles más altos de independencia.
Evaluación psicológica.
La valoración cognitiva es un proceso relativamente simple en circunstancias normales, pero bastante complejo cuando existe alguna alteración de la misma.
En el ámbito psicológico se distinguen problemas relacionados con las capacidades cognitivas, alteraciones emocionales, trastornos de la conducta, ansiedad, estado de ánimo y aspectos relacionados con la personalidad. Evidentemente, muchos de ellos entrarán, directamente, en el terreno de la psicopatología y serán identificados durante la evaluación clínica.
Fundamentalmente, interesa evaluar el nivel funcional de la persona, relacionado con el estado orgánico cerebral y la capacidad mental. Las principales funciones cognitivas son la orientación en el espacio, tiempo y persona, la memoria, la capacidad de mantener la atención y la concentración, el lenguaje, las praxias (ideomotoras, ideatorias y constructivas), las gnosias, el juicio y el pensamiento abstracto. La alteración de alguna de ellas no constituye por sí misma un diagnóstico.
La capacidad cognitiva está estrechamente relacionada con una serie de variables (edad, educación, estado emocional, sentidos, situación clínica, nivel de conciencia, entorno ambiental), que condicionan la objetividad de los resultados y la selección de las diferentes baterías de medida.
El Mini Mental State Examination, desarrollado por Folstein en 1976, es el test breve más difundido internacionalmente para la evaluación cognitiva. (V. capítulo de Demencias en la sección de Neurología.)
En relación al estado emocional y la ansiedad, es necesaria una adecuada entrevista y exploración psiquiátrica para identificar la existencia de alteraciones psicológicas. En este apartado se utilizan, también, modelos estructurados y cuestionarios de autoevaluación que permiten identificar sujetos de riesgo.
Evaluación social.
Uno de los objetivos de la medicina geriátrica es mantener al anciano en su entorno habitual. Por ello, junto a un amplio conocimiento de la situación clínica, funcional y psicológica es necesaria la identificación de sus circunstancias sociales.
La función social se correlaciona con la función física y mental. Una buena situación social ayuda a mantener la autonomía a pesar de las limitaciones funcionales y la implantación de medidas sociales adecuadas permite el desarrollo óptimo de los cuidados a largo plazo en el domicilio.
La información social debe recoger los siguientes aspectos: historia social, relaciones de convivencia, soporte asistencial formal e informal (entendiendo como soporte formal el suministrado en las instituciones e informal el que da la familia), situación económica y condiciones de la vivienda. Estos parámetros son difíciles de estandarizar.
Se han desarrollado diferentes escalas de evaluación, pero su aplicación está muy condicionada por el entorno cultural y socioeconómico. Posiblemente, las más conocidas son el Apgar Familiar (Smilkstein, 1978) y la desarrollada en la Universidad de Duke, también en 1978.
Por último, es necesario hacer una referencia a la evaluación de la calidad de vida. Éste es un concepto más relacionado con la filosofía que con la práctica de la medicina. La percepción de la propia calidad de vida, entendida como la diferencia entre lo deseado y lo poseído, no deja de ser un parámetro subjetivo y extremadamente variable.
Pero mejorar la calidad de vida es la síntesis de los objetivos terapéuticos en geriatría. Para el médico puede ser útil pensar en ciertos indicadores más objetivables: la presencia de sufrimiento físico o mental, el dolor, el pronóstico respecto a supervivencia y autonomía y, fundamentalmente, la decisión informada expresada por el propio paciente.
Bibliografía.
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Titulo. Indicaciones y ventajas de la acupuntura.
Autor. Dr. Jorge Serra Colina.
Introducción.
La acupuntura es una de los métodos terapéuticos que más
se conocen de la medicina tradicional china, entre las principales indicaciones
de la acupuntura están en aquellas
enfermedades en las que el dolor es el síntoma fundamental, como la artralgia,
la mialgia y la cefalea entre las más comunes. Además se indica en las
afecciones psicosomáticas o funcionales que puede aparecer en cualquier
paciente con estrés y se manifiesta con una enfermedad no transmisible como el
asma bronquial o la hipertensión arterial.
Las enfermedades en las que más se indica la acupuntura
como método terapéutico, tenemos las siguientes.
Enfermedades Respiratorias. Sinusitis aguda, rinitis aguda,
catarro común, amigdalitis aguda, bronquitis aguda, asma bronquial.
Enfermedades gastrointestinales. Espasmos del esófago y
cardias (Trastornos motores esofágicos), gastritis aguda y crónica, hiperacidez
gástrica, gastroptosis, ulcera duodenal crónica (para aliviar el dolor), ulcera
duodenal aguda, colitis aguda y crónica, disentería bacilar aguda, constipación,
diarrea, ileo paralitico.
Enfermedades del ojo. Conjuntivitis aguda, retinitis
central, miopía, cataratas.
Enfermedades de la boca. Odontalgias, dolor post
extracción dentaria, gingivitis.
Enfermedades neurológicas. Cefalea , migraña, neuralgia
del trigémino, parálisis facial, neuropatías periféricas, secuelas de la
poliomielitis, enfermedad de meniere, vejiga neurogenica, enuresis nocturna,
neuralgia intercostal, síndrome cervico-braquial, hemiparesias a causa de un
accidente vascular encefálico.etc
Enfermedades osteomioarticulares. Hombro congelado, codo
de tenista, ciatalgia, sacrolumbalgia, osteoartritis.
Ventajas de la acupuntura.
La acupuntura es un procedimiento habitualmente inocuo,
no tiene efectos secundarios importantes, y que por lo regular puede producir
alivio, mejoría o curación de muchos
problemas de salud, afecciones o enfermedades, síndrome o síntomas, además
resulta económico, y de fácil aplicación por un personal capacitado para el
mismo, como médicos, enfermeras, y técnicos de fisioterapia.
Al aplicar la acupuntura a un paciente pueden ocurrir
pequeñas sufusiones, sobre todo en pacientes con problemas en la circulación
venosa, en determinados puntos al pinchar accidentalmente un vaso, y muy
excepcionalmente puede verse infección de algún punto de acupuntura por
técnicas deficientes.
- La frecuencia con que se aplica la acupuntura es según
si son afecciones agudas o crónicas.
En las afecciones agudas la aplicación puede ser diaria o
incluso más de una vez al dia, en dependencia de la respuesta del paciente. A
veces un dolor de tipo agudo responde súbitamente a una sola aplicación de
acupuntura.
En las afecciones crónicas habitualmente se realizan las
sesiones de tratamiento dos o tres veces por semana.
Como conclusión podemos decir que la acupuntura junto a
la digitopuntura y el yoga, es uno de los métodos terapéuticos más usados en la
medicina tradicional china, debido a su inocuidad, sus ventajas, su
accesibilidad, y a la gran variedad de enfermedades y dolencias que pueden ser
aliviadas o curadas con este proceder tan usado por muchos médicos hoy en día.
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Titulo.
Gregor Mendel. Biografía.
Autor. Jorge
Serra.
Gregor
Johann Mendel (Heinzendorf,
20 de julio de 1822-Brno,
6 de enero de 1884) fue un fraile agustino católico y naturalista.
Formuló, por medio de los trabajos que llevó a cabo con diversa variedad de
guisantes y arvejas (Pisum sativum),
las hoy llamadas leyes de Mendel que dieron origen a la herencia genética. Los primeros trabajos en
genética fueron realizados por Mendel. Inicialmente efectuó cruces de semillas,
las cuales se particularizaron por salir de diferentes estilos y algunas de su
misma forma. En sus resultados encontró caracteres que, según el alelo sea dominante o
recesivo, pueden expresarse de distintas maneras. Los alelos
dominantes, se caracterizan por determinar el efecto de un gen y los recesivos
por no tener efecto genético (dígase, expresión) sobre un fenotipo
heterocigótico.
Su trabajo no fue valorado cuando lo
publicó en 1865. Hugo de Vries, Carl Correns,
Erich von Tschermak y William
Bateson, quien acuñó los términos "genética"
(término que utilizó para solicitar el primer instituto para el estudio de esta
ciencia) y "alelo"
(extendiendo las leyes de Mendel a la Zoología), redescubrieron por separado
las leyes de Mendel en 1900.
Mendel presentó sus trabajos en las
reuniones de la Sociedad de
Historia Natural de Brünn (Brno) el 8 de febrero y el 8 de marzo de
1865, y los publicó posteriormente como Experimentos
sobre hibridación de plantas (Versuche
über Plflanzenhybriden) en 1866 en las actas de la Sociedad. Sus
resultados fueron ignorados por completo, y tuvieron que transcurrir más de
treinta años para que fueran reconocidos y entendidos. Charles
Darwin, que podría haber sacado mucho partido a este trabajo de
Mendel, no llegó a conocerlo.
Al tipificar las características fenotípicas
(apariencia externa) de los guisantes
las llamó «caracteres». Usó el nombre «elemento» para referirse a las entidades
hereditarias separadas. Su mérito radica en darse cuenta de que en sus
experimentos (variedades de guisantes) siempre ocurrían en variantes con
proporciones numéricas simples.
Los «elementos» y «caracteres» han
recibido posteriormente muchos nombres, pero hoy se conocen de forma universal
con el término genes, que sugirió en 1909 el biólogo danés
Wilhelm Ludwig Johannsen. Y, para ser más
exactos, las versiones diferentes de un gen responsables de un fenotipo
particular se llaman alelos. Los guisantes cuyas semillas son verdes
y amarillos corresponden a distintos alelos del gen responsable
del color de las semillas.
Leyes de Mendel (1865)
- Primera ley o principio de la uniformidad: «Cuando se
cruzan dos individuos de raza pura, los híbridos resultantes son todos
iguales». El cruce de dos individuos homocigóticos, uno de ellos dominante (AA) y
el otro recesivo (aa), origina solo individuos heterocigóticos, es decir, los individuos de
la primera generación filial son uniformes entre ellos (Aa).
- Segunda ley o principio de la segregación: «Ciertos
individuos son capaces de transmitir un carácter aunque en ellos no se
manifieste». El cruce de dos individuos de la F1, que es la primera
generación filial (Aa), dará origen a una segunda generación filial en la
cual reaparece el fenotipo "a", a pesar de que
todos los individuos de la F1 eran de fenotipo "A". Esto hace
presumir a Mendel que el carácter "a" no había desaparecido,
sino que solo había sido "opacado" por el carácter "A"
pero que, al reproducirse un individuo, cada carácter se segrega por
separado.
- Tercera ley o principio de la combinación
independiente: Hace referencia al cruce polihíbrido (monohíbrido: cuando
se considera un carácter; polihíbrido: cuando se consideran dos o más
caracteres). Mendel trabajó este cruce en guisantes, en los cuales las
características que él observaba (color de la semilla y rugosidad de su
superficie) se encontraban en cromosomas separados. De esta manera,
observó que los caracteres se transmitían independientemente unos de
otros. Esta ley, sin embargo, deja de cumplirse cuando existe vinculación
(dos genes están muy cerca y no se
separan en la meiosis).
Algunos autores obvian la primera
ley de Mendel, y por tanto llaman «primera ley» al principio de la segregación
y «segunda ley» al principio de la transmisión independiente (para estos mismos
autores, no existe una «tercera ley»).
Gregor Mendel falleció el 6 de enero
de 1884 en Brünn, a causa de una nefritis
crónica.
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Titulo. Hipoglicemia, causas más frecuentes, diagnóstico
y tratamiento.
Autor. Dr. Jorge Serra Colina.
Introducción.
En individuos normales la
concentración plasmática de glucosa permanece entre unos estrechos límites
(70-100 mg/dL; 3,9-5,55 mmol/L) durante las 24 horas del día merced a la
eficacia de diversos mecanismos homeostáticos, hormonalmente controlados, que
mantienen un adecuado balance entre la producción y el consumo de glucosa.
Luego durante el período posprandial, la producción endógena de glucosa se
encuentra suprimida y el metabolismo y almacenamiento incrementados.
En esta fase anabólica del
metabolismo la insulina, segregada por las células beta de los islotes
pancreáticos, es la hormona responsable del cese de la producción hepática de
glucosa a la vez que estimula su utilización por los tejidos
insulíno-sensibles.
Por el contrario, en el período de
ayuno o postabsortivo se intensifica la producción de glucosa y disminuye
sensiblemente su consumo. Esta fase catabólica del metabolismo se
caracteriza por el estímulo en la producción hepática de glucosa, a través de
la glucogenólisis y gluconeogénesis, mediada por la secreción de glucagón por
las células alfa de los islotes de lagerhnas del pancreas, y la participación
en distinto grado de catecolaminas, cortisol y hormona del crecimiento.
En circunstancias normales los
sistemas señalados son efectivos para mantener un adecuado equilibrio entre la
producción y el consumo de glucosa. Cuando la glucosa plasmática desciende a
valores inferiores a los normales (alrededor de 55 mg/dL; 3,1 mmol/L) se pone
en marcha un mecanismo representado por la disminución o supresión de la
secreción insulínica y la elevación de las hormonas contrarreguladoras, en
especial glucagón y adrenalina.
Entonces cuando el sistema
homeostático se rompe o resulta insuficiente aparece el cuadro clínico de la
hipoglucemia que se acompaña de manifestaciones variables de disfunción del sistema
nervioso central (SNC), debido a que estas estructuras, a diferencia de otras
del organismo, sólo pueden utilizar la glucosa como principal fuente de
energía. Así pues, la hipoglucemia debe ser catalogada como un síndrome
plurietiológico caracterizado por la disminución en la concentración de la
glucosa plasmática y la aparición de una serie de signos y síntomas como
consecuencia de aquella disminución y de la activación de hormonas
contrarreguladoras.
Clasificación de la hipoglicemia.
Etiología. Tradicionalmente la hipoglucemia se ha
clasificado en dos grandes grupos:
1. Hipoglicemia de ayuno o
postabsortiva.
2. Hipoglicemia posprandial o
reactiva.
La primera se caracterizá por la aparición del
cuadro clínico después de 5-6 horas de la última ingesta, por lo general tras
el ayuno nocturno, y el segundo por el desarrollo de la sintomatología entre
pocos minutos y 2-4 horas después del consumo de alimentos.
Sin embargo, se debe tener en cuenta
que las hipoglucemias graves reconocen casi siempre una enfermedad o trastorno
subyacente de los que se consideran dentro de las causas de hipoglucemia de
ayuno y que en ocasiones la sintomatología puede aparecer en el período
posprandial. Asimismo, entre las causas más frecuentes de hipoglucemia se
encuentran las relacionadas con el tratamiento insulínico o con
hipoglicemiantes como las sulfonilureas de la diabetes mellitus, y entre las
menos habituales las que se encuentran ligadas a algunos trastornos congénitos
o hereditarios del metabolismo hidrocarbonado.
Hipoglicemia de ayuno o post
absortiva.
El cuadro clínico se desarrolla en situaciones
que existe un consumo excesivo de glucosa, que puede cursar con
hiperinsulinismo o con niveles adecuados de insulina, y en otras en que la
alteración consiste en la producción insuficiente de glucosa.
Manifestaciones clínicas.
Las manifestaciones de la hipoglucemia
se pueden agrupar en dos tipos de síntomas:
1) neurogénicos o autonómicos inducidos por la secreción excesiva
de catecolamina.
2) neuroglucopénicos en relación con la disfunción
cerebral secundaria a la deprivación de glucosa.
Entre los signos y síntomas
neurogénicos o autonómicos se encuentran la taquicardia, palpitaciones,
ansiedad, temblor, sudoración y la sensación de hambre. La magnitud de estas
manifestaciones se encuentra inversamente relacionada con la disminución en la
concentración de la glucosa plasmática, de tal forma que a menor concentración
de glucosa más intensos son los síntomas neurogénicos. Esta constelación
sintomática es la responsable en la mayoría de los casos del reconocimiento de
la hipoglucemia.
Los signos y síntomas
neuroglucopénicos consisten en cefalea, fatiga o laxitud, trastornos de la
conducta, torpor mental, cambios de la personalidad, visión borrosa, diplopía,
incoordinación, alucinaciones, amnesia, convulsiones y pérdida de la
conciencia, que puede abocar al coma y a la muerte si no se corrige el déficit
del aporte de glucosa.
Diagnostico.
El diagnóstico clínico de la
hipoglucemia se basa en la correcta valoración de los signos y síntomas
neurogénicos y/o neuroglucopénicos, la demostración de una hipoglucemia
(alrededor de 45 mg/dL, 2,5 mmol/L) y la desaparición de las manifestaciones
clínicas al normalizarse la glucemia tras la administración de glucosa (tríada
de Whipple).
Aunque lo ideal sería establecer el
diagnóstico de certeza en el curso de un cuadro hipoglucémico espontáneo, la
realidad es que en bastantes ocasiones el diagnóstico sólo se sospecha ante el
relato de unas manifestaciones clínicas o por el hallazgo casual de una
hipoglucemia en un examen para medir los niveles de glicemia en sangre.
La anamnesis y la exploración clínica
cuidadosamente realizadas pueden orientar la etiología y la terapéutica en
algunos pacientes (enfermedades endocrinas, insuficiencias orgánicas, empleo de
fármacos, antecedentes familiares de defectos enzimáticos), así como determinar
si las manifestaciones clínicas aparecen en situación de ayuno, tras las
comidas o después de ingerir determinados alimentos.
Las manifestaciones clínicas que
acompañan a situaciones que se han considerado hipoglucemias fisiológicas,
como son el ejercicio físico intenso o el embarazo normal, no cursan por lo
general con hipoglucemia a no ser que coexistan con algunos de los procesos que
son capaces de producir hipoglucemia.
Tratamiento.
El tratamiento tiene como finalidad, en
primer lugar corregir la hipoglucemia, eliminar la sintomatología y restaurar
la conciencia en los casos graves.
Y en segundo lugar adoptar las medidas
adecuadas para prevenir crisis posteriores. En pacientes con sintomatología de
hipoglicemia se administrará de 25 a 50 gramos de glucosa (solución
glucosada al 40%) por vía intravenosa en forma de bolus, y se seguirá de
una perfusión continua de suero glucosado hasta que el paciente sea capaz de
ingerir alimentos.
Se procurará extraer previamente una muestra de sangre
para la determinación posterior de glucosa y de otras hormonas. En los casos
graves se puede administrar además 1 mg de glucagón por vía
intramuscular o subcutánea.